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Aportaciones militares a la sociedad civil

La expedición filantrópica de Balmis

Por mayo 7, 2020 No Comments

Primer paso para la erradicación del azote de la viruela

Grabado de Juan Ximeno Carrero. Biblioteca y Museo Histórico-Medicos. Valencia
La vacuna contra la viruela

La viruela es una enfermedad infecto-contagiosa producida por un virus, siendo la variante humana la que posee la morbimortalidad más elevada y provoca grandes secuelas físicas en los afectados que no morían.
A finales del siglo XVIII, el Dr. Jenner, de Inglaterra, observó que las lecheras del Condado de Gloucester que se infectaban las manos, reproduciendo las pústulas de las mamas que ordeñaban, no padecían subsiguiente enfermedad general alguna o, en todo caso, muy leve. En 1796 decidió inocular experimentalmente al niño de 8 años, Jaime Phipps, con la materia extraída de las pústulas de una campesina del Condado, afectada de la viruela bovina. El niño enfermó de esta variante, pero el curso de la enfermedad que desarrolló fue muy tolerable y sin las secuelas de la viruela humana. Finalmente, se comprobó que la inoculación había producido la adquisición de la inmunización frente a la viruela humana.
Entretanto, la viruela, que había sido llevada al Nuevo Mundo en el siglo XVI por los colonos que llegaban de la Península, había cobrado aún más virulencia, provocando en los territorios de Ultramar verdaderos estragos por su elevada cifra de morbimortalidad con la consiguiente repercusión laboral y pérdidas económicas.

Una expedición de la Corona Española

Ante la preocupación por el estado sanitario de nuestras colonias de Ultramar, el rey Carlos IV, decidió encargar a Francisco Javier Balmis, médico militar y cirujano honorario de la Corte, la misión de inmunizar aquellos territorios, protegiendo así a la población activa y la generación de recursos. El Edicto del rey justificaba la formación de la expedición para: vacunar gratuitamente a la población, enseñar a preparar la vacuna, mantener el suero para vacunaciones futuras y establecer Juntas Municipales para llevar a cabo un Registro.
A la cabeza de la expedición se puso un hombre, acreditado intelectual, de firme carácter y con fama de buen organizador, el Dr. Balmis; quien, además, había estado varias veces en América.

Inoculación
Isabel Zendal fue la primera enfermera en una misión internacional
Se organiza la expedición

El Vicedirector fue el médico catalán Josep Salvany; quien, impuesto por el Rey, fue un verdadero héroe que murió vacunando. Cuando se unió a la expedición ya estaba enfermo y pensó que el cambio de clima favorecería su curación. Y murió dirigiendo una rama de la expedición en Cochabamba (Bolivia).
La tercera persona importante de la expedición fue Isabel Zendal Gómez. Hija de labriegos gallegos pobres, chica avispada y con cierto nivel de alfabetización, empezó su vida laboral como criada y llegó a ser la Directora del Hospicio de La Coruña (Datos debidos a las investigaciones de Antonio López Mariño). Ha sido considerada por la OMS como la primera Enfermera en misión internacional. Sin ella, la mejor acción humanitaria de la Historia no se hubiera conseguido (Javier Moro en su libro Flor de piel, 2015).
La primera gran dificultad que vencer era ¿cómo llevar suficiente cantidad de fluido de las pústulas bien conservado para poder administrarlo a tal cantidad de personas? No hay que olvidar que, en aquella época, el siglo XVIII, no había posibilidad de congelarlo y mucho menos liofilizarlo para reconstituirlo en su momento. Balmis acabó encontrando la solución, si bien no libre de complicaciones en sí misma y rechazada por gran parte de la población: decidió que amén del personal sanitario preciso para realizar la misión, vinieran a bordo niños de entre 3 y 10 años. Estos niños debían estar sanos, disfrutar de buenas condiciones físicas y que no hubieran padecido la enfermedad. La misión de los niños era aparentemente simple e inocua, por más que sorprendente: hacer de reservorios humanos de la vacuna antivariólica.

La expedición parte

El plan de Balmis era vacunar semanalmente a dos niños con el pus extraído de las pústulas de los niños vacunados la semana anterior. Los niños recién vacunados debían estar separado del resto, a fin de no contagiar a los sanos y, en beneficio propio, seguir estrechamente vigilados: tanto en cuanto a la sintomatología como para evitar que se rascaran la pústula, desperdiciando así el líquido destinado a vacunar a otro niño.
Aunque se decidió que la Corona se haría cargo de su alimentación y vestimenta, e incluso se les proporcionaría estudios y una profesión, de modo que estarían a cargo del estado hasta que pudieran valerse por sí mismos, muchos padres desconfiaron y se negaron a que sus hijos siguieran una trayectoria tan peligrosa, temiendo no volver a verlos. Ante esta coyuntura, Balmis decidió llevar niños expósitos.
Del puerto de La Coruña, el 30 de noviembre de 1803, partió con un total de 22 niños. De esta forma el fluido llegó a tierras americanas habiendo empleado a los reservorios humanos, uno de los cuales había fallecido durante la travesía.

El navío María Pita zarpando de La Coruña en 1803. Grabado de Francisco Pérez
Balmis. Grabado
Misión cumplida

La expedición pisó tierra en Puerto Rico, pasando después a Venezuela, donde se escindió en dos grupos: uno dirigido por Salvany, que extendió la vacunación por Sudamérica y el otro por Balmis, quien, habiéndose dirigido a Cuba y luego a Méjico, terminó saliendo del Continente para plasmar su gesta en Asia.
En los distintos puertos donde atracaban, además de vacunar a la población e instruir a los sanitarios locales, se dedicaban a seleccionar nuevas personas con las que poder seguir manteniendo “viva” y eficaz la vacuna.
El viaje terminó para Balmis en junio de 1806 con su regreso a España después de haber inmunizado las colonias de América, Filipinas, Goa, China y Santa Elena, no sin antes tener que enfrentase a serias dificultades tanto a la ida como a la vuelta.
Los resultados de la expedición, ampliados por sucesores, consiguieron que casi dos siglos más tarde, en 1980, la Organización Mundial de la Salud declarara erradicada la enfermedad de la viruela.

José Ramón Navarro Carballo
Coronel médico (R)

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